Trunyan, en donde los muertos no se entierran

Este viaje me ha llevado a uno de los lugares más aislados y con la más curiosa de las costumbres funerarias de todo Bali, Trunyan.

Este pequeño pueblo se extiende por las laderas de una caldera, a la sombra del volcán Kintamani. El agua ha llenado la caldera y ahora se la conoce como lago Batur.

La única forma de acceder a Trunyan es a través de pequeñas barcas que se toman en la orilla opuesta del lago, la única parte de la caldera accesible por carretera.

En este pueblo los muertos descansan sin enterrar bajo el árbol Taru Menyan, el olor que desprende el proceso de putrefacción es neutralizado por el aroma que desprende el árbol, por lo que realmente sólo huele a piedras, madera y tierra.

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