Pedaleando

Hoy he vuelto a subirme a la bici, me sentía enjaulado, atrapado de nuevo por la incesante rutina. Muchos días sin apenas salir del apartamento, absorbido totalmente por el trabajo.

Y así, pedaleando, me eché a las ahora ya familiares calles de Surabaya. Pasando frente a carritos de comida a orillas de la carretera, en donde venden toda clase de platos que ya me son de sobra conocidos: tahu isi, sate ayam, kembang col goreng, bakso, nasi empal

Y junto a los carritos de comida, pequeñas casetas en donde con grandes letreros escritos a mano se puede leer CUCI, son sitios en donde puedes lavar tu moto por apenas 8.000 rupias.

Esquivo a un par de motos que vienen en dirección prohibida y paso junto a una señora que lleva su bici tan cargada, que la única parte visible es el manillar. Va caminando junto a la bici mientras hace un considerable esfuerzo para que todo no se vaya al suelo.

Y entonces me cruzo con un niño de apenas 5 años con una bici a su medida, vestido con el uniforme del colegio y la mochila a la espalda.  Y ahí va él de vuelta a casa, más allá otro grupo de niños con uniforme parlotean tranquilamente mientras cruzan la bulliciosa carretera. Un pensamiento me distrae, intento recordar cuando fue la última vez que vi a un niño de esa edad regresar solo a casa en mi país.

No sé cuánto tiempo había pasado pedaleando, pero ya no conocía la carretera. Perdido en mis propios pensamientos, disfrutando del torrente de sensaciones, no me había dado cuenta que había pasado todos los sitios conocidos. Tenía todo el día por delante, así que no me importaba mucho, pero las piernas me estaban empezando a protestar. Tomé la siguiente desviación con la esperanza de que trazara un arco de vuelta.

Paso al lado de un bemo y oigo, entre risas, que me llaman: BULE! BULE! Sonrío con esa palabra que ya se ha convertido habitual en mi vida y pienso en mi pobre dominio del indonesio. Debería estudiar más el lenguaje. Apenas sé lo suficiente para defenderme en el día a día. Recuerdo que al principio, cuando llegué aquí, me puse a estudiarlo con afán. Sin embargo, en aquel momento, era algo que estaba fuera de mi alcance. Ahora sé que me resultaría sencillo asimilar todas esas lecciones, de hecho ya sé la mayoría de las cosas que se dicen en ellas. Pero he perdido esas ganas de aprender. ¿Qué diablos me está pasando?

Y entonces tengo que frenar, un niño de no más de 8 años, a lomo de una Tiger a la que apenas alcanza a manejar, sale de una calle transversal a toda velocidad sin ni siquiera mirar si viene alguien.  No le doy importancia al asunto, es lo normal. Tendríais que ver como conducen, para ellos, su moto es una extensión de su propio cuerpo. Cosa tampoco extraña si las están conduciendo desde que apenas levantan un palmo del suelo.

Vuelvo a prestar atención a la carretera justo en el momento en el que estoy pasando al lado de un padre de familia que espera que su señora y sus dos hijas se acomoden en la moto. Recuerdo con una sonrisa la teoría del A2, sacarme el carnet de motos antes de viajar fue una idea gloriosa.

Y allá a lo lejos veo algo conocido y sé que pronto voy a volver a una de esas calles que ya he recorrido miles de veces. Un poco más adelante giro a la izquierda y ya estoy en el camino de vuelta. Aún falta un buen trecho y las piernas cada vez me protestan más, pero sé que ya no hace falta que siga prestando atención a la carretera y vuelvo a dedicarla a la gente, a la ciudad.

Una ciudad grande pero alegre, con niños jugando en las calles, con personas caminando a orillas de la carretera, con abuelos desdentados que montan en bici y vendedores ambulantes que empujan su carrito… veo uno que intenta cruzar la calle de lado a lado. Mete su carro justo delante de mi bici y casi me hace salir volando, dos segundos más tarde es él quien casi sale volando cuando un coche pasa a pocos milímetros del carrito.

Y entonces me despierto como en un sueño y veo las enormes torres de Metropolis, el edificio que se ha convertido en mi nuevo hogar. Altas, relucientes, contrastando sobresalientemente con los puestos de alrededor. Cruzo varias calles y continuo en dirección prohibida. El guardia de seguridad del edificio me echa una mirada al pasar, sonrío al pensar en el curso de sus pensamientos… BULE.

Y mientras aparco la bici sigo sonriendo, ya no me siento cansado ni oprimido. Sólo pienso en que mañana volveré a salir, volveré a empaparme de la gente, de la ciudad, de vida.

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14 respuestas a Pedaleando

  1. Izzat dijo:

    Jejeje, no te me agobies mucho Demiurgeneando en el apartamento. Disfruta de la experiencia de vivir ahí mas a menudo.

  2. Jordi dijo:

    Hola
    Descubrí tu blog por casualidad, y me estoy haciendo adicto.
    Realmente bueno, y refrescante para algunos, en los que me incluyo, tener valor para dejarlo todo y largarte a un pais que parece, en segun que cosas, de otro mundo.
    Sigue así, que se agradecen tus posts. Me hacen soñar que alguna vez yo podria tener ese valor….
    Un saludo desde Barcelona.

  3. Leo dijo:

    Uno de los mejores posts.

  4. anabel dijo:

    hola vitillo me alegro mucho q te estes empapando de nueva cultura :)) ya veo q no pierde ningun detalle,aunque sea pequeño…me a encantado tu parte de los numero de la mala suerte 😉 me alegra q lo dejes escrito y ya veo q tienes muchas personas enganchadas y no es de extrañar..y q eres mu famosillo por aqui :)) sigue pedaleando q es TU SUEÑO que lo estas haciendo..perdon por la palabra… de puta madre ;)) un bezazo enorme..

  5. Lina Maria dijo:

    Hola! Encontré tu blog, buscando información de Surabaya y me gusto mucho, espero poder leer todas las entradas anteriores, yo también vivo en Indonesia, pero en un pueblo cercano a Surabaya en Tuban y bueno llevo solo 6 meses en este País y yo también me he sorprendido con algunas cosas muy especiales, en donde vivo llevan las motos llenas de comida para los animales, y el tamaño de la carca es tan grande que la verdad no se como pueden conducir

    • Víctor dijo:

      Hola!

      En Surabaya también pasa eso con las motos, es una de las cosas que más llaman la atención los primeros días que pasas en Indonesia, al principio yo tampoco entendía como podían conducir así, pero lo cierto es que ahora yo también llevo mi moto cargada de cosas, jajaja 🙂

      Si tienes planeado algún viaje a Surabaya, avísame 🙂

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